La marcha en Manizales, deja su huella

Por: Minga de Comunicación

Después de una bonita noche, donde la chicha, la música y las sonrisas abundaron, despertamos juntos, residentes y visitantes. Nuevamente tomamos una ducha rápida… bueno, algunos no. El frío de la mañana intimidaba. Pero con un desayuno poderoso, carne y arroz, socializamos algunas informaciones, tareas y el recorrido del día. Evacuadas algunas dudas y ya listos, nos montamos a las chivas. Nos dirigíamos hacia el Mall y lamentablemente los planes no corrían como esperábamos: llegamos en busca de una multitud de personas para marchar… pero, ¿y la gente? Por ningún lado se asomaba… ¿será que el frío tanto intimidaba? Un poco aburridos fuimos hacia el Barrio San Sebastián, barrio a donde fueron desplazados algunos de los vecinos del Barrio San José por la ambición capitalista en detrimento de la calidad de vida de las familias urbanas empobrecidas.

Inesperadamente nos encontramos con otra sorpresa. Gran parte del vecindario estaba ocupado en una misa en el polideportivo. ¿y entonces qué? Ahí fue que la palabra de la Liberación se manifestó de formas misteriosas. Recordamos que ésta no es una lucha de nasas para nasas, y entonces, sin dudarlo, nos acercamos al micrófono. La preocupación del cura era que no se hiciera proselitismo partidario. Nada más alejado a eso es a lo que vinimos; este proceso no viene desde arriba, crece desde la raíz. Frente a unas trescientas personas, los liberadores y liberadoras compartieron un mensaje. ¿Dónde está la Liberación? Pues, venimos del Norte del Cauca, pero es en la libertad de Uma Kiwe, que está esclavizada junto a todos los seres que la habitamos, que la encontraremos. Ella es nuestra madre. Y si ella está esclavizada también sus hijos.

Compartimos el revuelto y las compas alistaron el almuerzo, los habitantes del barrio aportaron el agua, la sal y también sus manos para preparar un imponente sancocho. Mientras tanto, los demás vecinos, colectivos y comunidad nasa, sin pereza, se fueron a recorrer otros barrios para sembrar en espacios donde no se acostumbraba a hacerlo. Niños del lugar colaboraban con la tarea. “Si en las ciudades hay tanta hambre y no hay lugar dónde sembrar, debemos encontrar los espacios para hacerlo” comentaba una compañera, con palín en mano. Semillas de maíz provenientes del punto de liberación La Albania fueron acogidas en el territorio y sembradas.

De repente, mucha gente se sumó al parche. Alrededor de la olla, de la comida, de la pala, del palabreo, de tambores y flautas, gentes diversas nos juntamos. Con la barriga llena y la cara sonriente, el micrófono se hizo colectivo. La poesía, el canto y las palabras de agradecimiento, alimentaron el espíritu y aunque llovía, el frío había desaparecido.

Terminaba la Marcha. El Pailón y las ollas volvían a las chivas. Abrazos, saludos y palabras de aliento y la promesa de volvernos a encontrar en el 3er Encuentro Internacional, fortalecieron los vínculos. Algunos, también, aprovechaban para intercambiar semillas. Montamos a las chivas rumbo a casa con el corazón contento, porque la Marcha de la comida va dejando huella.

Mención especial a las compañeras que tomaron la responsabilidad de la cocina durante esta marcha; no es tarea fácil alimentar a tantas personas durante tantos días. También a los choferes, más que choferes, verdaderos pilotos de las chivas, que con mucha voluntad y habilidad, nos llevaron tranquilamente a todos los recorridos, por el empinado Manizales. A los colectivos, colectivas, combos y compas que han compartido este caminar de la Liberación y que hicieron posible la Segunda Marcha de la comida en este punto. A los Ksxaw, que nos abrieron el camino y nos acompañaron para superar las dificultades. Wala pay. Nos vemos en el Encuentro Internacional.

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