[:es]Sencillamente nasas. Ante la compleja situación, la vida sencilla[:fr]Simplement nasa[:]

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Para la edición del mes de abril, la Revista de la Universidad de México nos pidió colaborar con un artículo. Cada mes la Revista toma un tema, esta vez Abya Yala, las resistencias desde nuestro continente. Aquí compartimos el nuestro, Sencillamente nasas, que a estas alturas nos cae como anillo al dedo. Porque los pueblos somos la vida sencilla, bonita, sabrosa. Eso no lo otorga ningún poder, ningún Estado, ningún presidente. Porque lo que somos el imperio no puede contenerlo. Y porque asoma una pregunta: ¿Nos movilizamos para que el monstruo sea más fuerte o para frentearlo y cerrarle el paso?

 

Por: Proceso de liberación de Uma Kiwe.

Pueblos de México y del mundo, gentes de todas las edades y colores: Ésta que les vamos a contar es la breve historia de una lucha. La hacemos desde un rincón llamado Norte del Cauca, en Colombia. Decimos que hacemos esta lucha no sólo por nosotras y nosotros, también por ustedes. Ustedes dirán. Y decimos que tiene raíces en lo más hondo de los tiempos. Veremos. Se las vamos a contar al modo y al tono nuestro. Si no, dejaríamos de ser nosotras, nosotros. Porque también se lucha desde la forma de hablar, desde la forma de escribir. No sólo se lucha, se es. Verán, la lucha viene luego. Y sin más, nuestra breve historia, la breve historia de nuestro ser y de nuestra lucha. Una de tantas de nuestra amada Abya Yala, en una de tantas formas de narrar una lucha. La cosa empieza así:

Uma Kiwe

Cuentan que al principio dos corrientes de viento andaban dándose un vueltón por las veredas del espacio. Una andaba lo más de linda y llevaba un manojo de lana. El otro andaba de buen vestir y con una vara de oro en la mano paseaba sin rumbo, igual que ella. Se vieron de lejos y algo les atrajo. Empezaron a danzar y se fueron acercando hasta formar un gran remolino. Cruzaron palabras: “Yo soy Uma, la mujer que teje la vida”, le dijo ella. “Yo soy Tay, el hombre que construye la vida”, le dijo él. Y cuentan los que cuentan que se enamoraron y formaron pareja. Cuentan que Uma y Tay nos dieron la vida.

Uma y Tay, la madre creadora, el padre creador, dieron cuerpo físico a todo lo que antes era energía, espíritu, movimiento. Así crearon a todos los nasas, es decir, todos los seres que existen. Los seres empezaron una algarabía que ni se imaginan. El desorden fue tal que se pisaban unos a otros, se invadían sus casas. Uno de los creadores habló:

“Ustedes me dan vergüenza, miren cómo se comportan, miren cómo se pisan los corazones. Ahora, si quieren tener una casa deben abrazarse, deben quererse… Inmediatamente todos los seres se abrazaron hasta formar una sola masa, como un solo puño y así se formó Kiwe, la ‘Tierra’, la casa de todos.”

Kiwe fue tomando forma. Por aquí aparecían las montañas, por allá los peñascos, por allá las lagunas. Kiwe lucía cada vez más bella. Los creadores eligieron a Sek, el Sol, como compañero de Kiwe. Así nacieron todas las hijas, todos los hijos de la Tierra, todas las especies. Kiwe habló:

“Cada uno de ustedes es hijo mío, y ahora tienen su sitio para que lo vivan. No olviden ustedes que son criados con el mismo seno, ustedes están prendidos de mí, prendidos del mismo ombligo”.

Y así cada ser ocupó su casa y el desorden se tornó en armonía. Claro, con problemas de cuando en cuando, ser planeta no es cosa fácil. Lo cual no quita lo obvio: cada ser es porque otros seres son: somos, luego soy.

Pasan miles de millones de años desde la primera danza y la palabra resistencia no se asoma en el canto del pájaro, en el vuelo de la garza, en la raíz del árbol, en el zumbar de la abeja.

La Gaitana

Con el tiempo, a Kiwe la nombramos también Uma, la Madre Tierra. Anda ella de lo más campante, llena de dicha, dándose la gran vida con todos sus hijos e hijas, hasta cuando el canto del pájaro augura malas noticias. “Viene gente extraña y mala”, dice en sus silbos. Una mañana de 1535 llegan a Popayán los enviados de Francisco Pizarro —conquistador del imperio inca—, un ejército compuesto por soldados españoles e “indios”. Empieza la campaña conquistadora en el Cauca. Nace la resistencia. Colombia aún no existe, le quedan casi trescientos años de gestación.

Al día siguiente ya somos indios, pecadores, sin alma, desnudos, pobres, mitayos, encomendados, mano de obra. Por la región de Timaná, al otro lado de la cordillera, un joven desobedece la orden del conquistador y éste lo tortura hasta matarlo. No sabe con quién se mete. La mamá del joven jura vengarse. Recorre pueblo por pueblo hablando con los caciques yalcones, guayaberos, nasas, andaquíes, pijaos, hasta reunir un ejército de veinte mil guerreros. Es mamá Gaitana, que de ese modo levanta en 1538 una resistencia armada que sostenemos durante 120 años.

Unos 27 años antes del levantamiento, en 1511, Antonio de Montesinos, señalando a los nativos de una isla del Caribe, le escupe en la cara al imperio: “Éstos ¿no son hombres?”. Mamá Gaitana no entiende de humanismo. Por 120 años más, la resistencia que ella empieza nos permite seguir siendo nasas, yalcones, guayaberos, pijaos, calocotos, tunubíos. El imperio no logra separarnos del ombligo de Uma Kiwe.

Hacia el año 1700 nuestros caciques, ante la superioridad militar del imperio español, deciden aprovechar las Leyes de Indias y crear los “resguardos indígenas”: un encierro donde se puede ser libre. Y, sobre todo, recuperarse de más de un siglo de guerra y epidemias. Por fuera, empieza la dominación, el imperio se instala allí. En territorio nasa, ahora llamado Norte del Cauca, instala las grandes haciendas, planta ingenios azucareros en el valle del río Cauca, instala fincas con trabajo forzado y pago de impuesto, hace surgir indios cargueros de señores españoles, construye ciudades al modelo de las ciudades españolas, con calles lineales, parque e iglesia. El imperio cambia el rostro de Uma Kiwe.

Abel Rodríguez, Ganagucha, 2018 Cortesía del artista y de Instituto de Visión

Colombia

Por allá en 1819 nace Colombia. Unos meses después, el 20 de mayo de 1820, el recién nacido congreso de Colombia, con la firma de Simón Bolívar, decreta el fin de los resguardos. Ya se ve por dónde va la cosa. Después los restituyen, después los extinguen, después… Los ricos criollos invaden nuestros territorios e instalan en ellos lo que no ha logrado el imperio español: su modelo de civilización y desarrollo. Explotando el árbol de quina para el mercado farmacéutico, acaban el bosque de la montaña, insertan la ganadería y el cultivo de café. A la tierra plana le amplían las plantaciones de caña. Por fin, una ley nos reconoce. Ocurre en 1890 con la ley 89, que nos restituye los resguardos, nos declara “menores de edad” y nos somete en adelante a “reducirse a la vida civilizada”. La tienen clara: su civilización nos reduce. Aunque lo que quieren decir en realidad es que nuestro destino es “blanquearnos”. Y en mucho lo logran, el cordón umbilical empieza a romperse. Para eso ha nacido la república.

Casi cien años después de que nace Colombia, en pleno siglo XX, la vida en los resguardos es de entera dominación. La ley los declara baldíos, sin propietario, disponibles. Los terratenientes instalan sus haciendas y dominan a sus anchas. Cobran terraje o impuesto en trabajo, maltratan. Imponen un feudo. Un joven nasa que ha servido en el ejército de Colombia vuelve a su tierra en el Cauca, y ya sabiendo leer y algo de leyes, conoce la ley 89. Va de pueblo en pueblo, de vereda en vereda, de chichería en chichería hablando a la gente: “esta tierra es nuestra y no debemos pagar terraje”. Es Manuel Quintín Lame.

A partir de esa lucha, la “Quintinada”, y más tarde con nuestra organización indígena del Cauca, logramos recuperar las tierras y ampliar los resguardos, vuelven a brotar de los vientres hombres y mujeres libres en nuestros territorios. En ésas andamos cuando en 1991 Colombia abre sus fronteras. Es cuando llega el neoliberalismo y se hace la nueva constitución política. Allí quedamos también como pueblo nasa, dentro de ese acuerdo político. Diez años después ya es evidente que hemos caído en la trampa, que ahora luchamos contra el gobierno, pero somos parte del Estado. Se nos olvida recuperar tierras. Para entonces, ya en todo el mundo el neoliberalismo va dejando su huella de exclusión y exterminio.

De nasas a indios, de indios a encomendados, a resguardados, a colombianos, a menores de edad, a civilizados, a ciudadanos, a explotados, a excluidos, a exterminados… Es el destino manifiesto que nos otorga Occidente.

La liberación de Uma Kiwe

Un día decidimos volver a recuperar las tierras. Ya a esas alturas vemos de frente los frutos del capitalismo: calentamiento global, extinción, hambre, dolor. Con decirles que en este país 0.4% de los propietarios es dueño de 41% de la tierra; 25 millones de hectáreas son solicitadas para minería; los glaciares han perdido 85% de su hielo; el bosque seco tropical, el bosque andino y el bosque alto andino están en extinción. La caña ocupa 330 mil hectáreas de suelo en el valle del río Cauca y gasta 25 millones de litros de agua por segundo. Por eso decimos:

“Nuestra Madre no es libre para la vida. Lo será cuando vuelva a ser suelo y hogar colectivo de los pueblos que la cuidan, la respetan y viven con ella… Todos los pueblos somos esclavos, junto con los animales y los seres de la vida, mientras no consigamos que nuestra Madre recupere su libertad.”

Entonces nos lanzamos a liberar a la Madre Tierra desde el Norte del Cauca entrando en la finca La Emperatriz. Es el 2 de septiembre de 2005.

Al primer intento, fallamos. Once días después, firmamos con el Estado colombiano un acuerdo para la entrega de esa finca, y aprendemos que el Estado firma lo que le pidan para ilusionar y no cumplir. Aprendemos y volvemos. Aprendemos, por ejemplo, que los poderosos

“vienen a raspar la olla. Y lo que hay en el culo de la gran paila no es nada despreciable: oro, petróleo, muchos minerales, gas, agua, oxígeno, biodiversidad. Es mucho, pero es lo último. Es tanto que se les abre de la codicia, es tanto que reventará sus cuentas bancarias. Pero es lo último. Es su cuenta bancaria o la vida. Es cumplir el placer de su codicia o la vida como la conocemos.”

El 14 de diciembre de 2014, con la experiencia acumulada de cinco siglos, le cogemos la cola al diablo: entramos en las fincas —o a su servicio— del hombre más rico de Colombia, Carlos Ardila Lülle, que las tiene esclavizadas con caña para producir agrocombustible y azúcar. Pasamos a la ofensiva. Al amanecer del 15 de diciembre la historia da un giro: de explotados y excluidos a liberadoras y liberadores de la Madre Tierra.

Ahora muchas familias nasas vivimos en estas fincas, nueve en total, y vienen más. Aquí estamos echando raíces, ombligándonos con Uma Kiwe. Construimos cambuches con cocina, letrina, baño, techo para reuniones; cortamos la caña, sembramos maíz, plátano, yuca, frijol; dejamos enmontar la tierra, vemos que regresan los animales silvestres; pastoreamos vacas, patos, gallinas; enfrentamos al Ejército y al Esmad [Escuadrón Móvil Antidisturbios] en cerca de trescientos infructuosos intentos de desalojo; afrontamos doscientas órdenes de judicialización; nos cuidamos de casi dieciséis sentencias de muerte por parte de los grupos paramilitares contra nuestro proceso; lloramos el asesinato y guardamos la memoria de nueve liberadores de la Madre Tierra desde 2005; compartimos la cosecha lograda —cuando no la destruye el Estado, contratado por Ardila Lülle, que paga los intentos de desalojo— con procesos de base en las ciudades.

Así cruzamos 481 años confrontando imperios. Caminando a nuestro modo, danzando a nuestro modo, hablando a nuestro modo, escribiendo a nuestro modo. Así vamos haciendo un nido por fuera del Estado, por fuera del capitalismo. Mucho es lo que hemos caminado en estos cinco siglos. Muchas escuelas y muchos pensamientos han surcado nuestra historia. Esa experiencia nos da la certeza del camino por el que ahora andamos: que es nuestro propio saber, la raíz nasa, la que nos permite seguir recorriendo el Cosmos comiendo, bebiendo, sembrando, tejiendo, ofrendando, pescando, danzando con todos los seres de la vida, al ritmo del seno y del ombligo de Uma Kiwe. Sencillamente, siendo nasas.

Hasta aquí, pueblos de México y del mundo, gentes de todas las edades y colores, una breve historia del tiempo, la breve historia de nuestro ser y nuestra lucha. ¿Qué hora es? Estamos a 13,800 millones de años desde la primera danza. Nos quedan, según las cuentas, otros cinco mil millones hasta que se apague el Sol. Tal vez cien años, si el ritmo de destrucción del modelo de desarrollo capitalista sigue como ahora. Entonces, veremos si las resistencias desde Abya Yala y las gentes de todas las edades y colores y rincones nos encontraremos dentro de un siglo. Es hora de un café. Vamos al cambuche de la cocina.

liberemoslatierra@riseup.net

Imagen de portada: Abel Rodríguez, Terraza alta, 2018. Cortesía del artista y de Instituto de Visión

Fuente: https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/c0cf24b3-43ba-45ba-859a-7517bfa82e96/sencillamente-nasas[:fr]

Pour l’édition du mois d’avril, la Revista de la Universidad de México nous a demandé d’écrire un article. Chaque mois, la revue traite un sujet; cette fois-ci Abya Yala, les résistances depuis notre continent. Nous vous partageons ici le nôtre, Simplement nasas, qui, dans ce contexte, tombe à point nommé. Parce que nous, les peuples, nous sommes la vie simple, belle, savoureuse. Et ca, aucun pouvoir, aucun Etat, aucun président ne peut l’octroyer. Parce que ce que nous sommes, l’empire ne peut pas le contenir. Et parce qu’aussi une question fait irruption: Nous nous mobilisons pour renforcer le monstre ou pour l’affronter et lui barrer le chemin?

 

Por: Processus de libération de Uma Kiwe.

Peuples du Mexique et du monde, gens de tous les âges et de toutes les couleurs : c’est la brève histoire d’une lutte que nous allons vous conter ici. Et c’est depuis un recoin du monde nommé Nord du Cauca, en Colombie, que nous allons le faire. Nous, nous disons que cette lutte, nous ne la faisons pas seulement pour nous, mais aussi pour vous. A vous d’en juger. Et nous disons que les racines de cette lutte remontent au plus profond des temps. On va voir ça. Nous allons raconter à notre manière, avec le ton qui est le nôtre. Parce c’est déjà depuis la manière de parler, depuis la manière d’écrire qu’on lutte. Et pas seulement qu’on lutte, mais qu’on est. Vous verrez, la lutte vient ensuite. Et voilà sans plus d’introduction, notre brève histoire, la brève histoire de notre être et de notre lutte. L’une entre tant d’autres de notre chère Abya Yala, contée à notre manière, l’une entre tant d’autres de raconter une lutte. Ca commence comme ça:

Uma Kiwe

L’on raconte qu’au commencement deux souffles de vent se baladaient dans les hameaux de l’espace. L’un deux, qui était elle, allait de toute beauté portant avec elle une poignée de laine. L’autre, qui était il, flânait tout bien vêtu et tenait dans sa main un bâton d’or. Ils se virent de loin et quelque chose les attira l’un vers l’autre. Ils commencèrent à danser et se rapprochèrent peu à peu jusqu’à former un grand tourbillon. Ils échangèrent quelques mots : «Je suis Uma, la femme qui tisse la vie», dit-elle. «Je suis Tay, l’homme qui construit la vie» dit-il. Et ceux qui racontent nous racontent qu’ils tombèrent amoureux et formèrent un couple. L’on raconte que Uma y Tay nous donnèrent vie.

Uma et Tay, la mère créatrice, le père créateur, donnèrent corps physique à tout ce qui était auparavant énergie, esprit, mouvement. C’est ainsi qu’ils créèrent les nasas, c’est à dire tous les êtres qui existent. Commença alors un brouhaha que vous n’imaginez pas. Le désordre était total : les êtres se piétinaient les uns les autres, envahissaient les maisons des uns et des autres. L’un des créateurs prit la parole :

“Vous me faites honte, regardez comme vous vous comportez, regardez comme vous vous piétinez les cœurs. Bon maintenant, si vous voulez avoir une maison, vous devez vous embrasser, vous devez vous aimer.

Immédiatement, tous les êtres s’enlacèrent jusqu’à former une seule masse, comme un seul poing et ainsi se créa Kiwe, la ‘Terre’, la maison de tous.”

Kiwe prit forme peu à peu. Par ici les montagnes, par là les falaises, par là-bas les lacs. Kiwe était de plus en plus belle. Les créateurs choisirent Sek, le Soleil, comme compagnon de Kiwe. Ainsi naquirent toutes les filles, tous les fils de la terre, toutes les espèces. Kiwe prit la parole:

«Chacun de vous est l’un de mes enfants, et a maintenant son espace pour vivre. N’oubliez pas que vous êtes tous élevés au même sein, rattachés à moi, tous rattachés au même nombril».

Et c’est ainsi que chaque être habita sa maison et que le désordre devint harmonie. Bien sûr, avec quelques problèmes parfois, être planète, ce n’est pas un truc facile. Ce qui n’enlève rien à l’évidence : chaque être est parce que d’autre êtres sont : nous sommes, ensuite je suis.

Des milliers de millions d’années passent depuis la première danse et le mot résistance ne se pointe pas dans le chant de l’oiseau, dans le vol de la grue, dans la racine de l’arbre, dans le bourdonnement de l’abeille.

La Gaitana

Avec le temps, Kiwe, nous l’appelons aussi Uma, la Terre Mère. Elle, elle va, tranquille, comblée de joie, s’offrant la belle vie avec tous ses fils et toutes ses filles, jusqu’à ce que le chant de l’oiseau augure de mauvaises nouvelles. «Des gens étranges et mauvais vont venir» dit-il dans ses sifflements. Un matin de 1535 arrivent à Popayan les envoyés de Fransisco Pizarro –colon de l’empire inca-, une armée composée de soldats espagnols et «indiens». Commence alors la campagne de conquête dans le Cauca. Naît la résistance. La Colombie n’existe pas encore, il lui reste encore trois cent ans de gestation.

Le jour suivant, nous voilà indiens, pêcheurs, sans âme, nus, pauvres, esclaves, main d’œuvre. Dans la région de Timaná, de l’autre côté de la cordillère, un jeune désobéit à l’ordre du colon et celui-ci le torture jusqu’à le tuer. Il ne sait pas à qui il va avoir à faire. La maman du jeune jure de se venger. Elle parcourt les villages pour parler avec les caciques yalcones, guayaberos, nasas, andaquíes, pijaos, jusqu’à réunir une armée de vingt mille guerriers. C’est la maman Gaitana, qui fait se lever de cette manière en 1538 une résistance armée que nous maintenons durant 120 ans.

Quelques 27 ans avant le soulèvement, en 1511, Antonio de Montesinos, montrant les natifs d’une île des caraïbes, crache à la face de l’empire : «Et eux, ce ne sont pas des hommes ?». Maman Gaitana, elle, ne sait rien de l’humanisme. Durant 120 ans de plus, la résistance qu’elle impulse nous permet de continuer à être nasas, yalcones, guayaberos, pijaos, calocotos, tunubíos. L’empire ne parvient pas à nous séparer du nombril d’Uma Kiwe.

En 1700, nos caciques, face à la supériorité militaire de l’empire espagnol, décident de profiter des Lois des Indes et créer les «resguardos indígenas»(1) : une cage où il est possible d’être libre, en quelque sorte. Et, surtout, de se remettre de plus d’un siècle de guerre et d’épidémies. En dehors des réserves, commence la domination, l’empire s’installe. Dans le territoire nasa, maintenant appelé Nord du Cauca, il installe de grands domaines, des raffineries de sucre dans la vallée du fleuve Cauca, des fermes avec travail forcé et impôts ; il se servent des indiens comme montures pour Messieurs les espagnols, construit des villes sur le modèle des villes espagnoles, avec des rues en ligne droite, des places centrales, et des églises. L’empire change le visage de Uma Kiwe.

Abel Rodríguez, Ganagucha, 2018 Cortesía del artista y de Instituto de Visión

Colombia

Vers 1819 naît la Colombie. Quelques mois après, le 20 mai 1820, le récent congrès de Colombie, décrète la fin des resguardos indígenas, décret signé par Simon Bolivar lui-même. On voit déjà l’entourloupe. Ensuite ils les restituent, puis ils les suppriment, puis… Les riches criollos (descendants de colons) envahissent nos territoires et y installent ce que n’a pas réussi l’empire espagnol : son modèle de civilisation et de développement. Ils exploitent l’arbre de quina pour le marché pharmaceutique détruisant ainsi les forêts dans les montagnes, ils instaurent l’élevage du bétail et les cultures de café. Dans la vallée, ils étendent encore les cultures de cannes à sucre. Finalement, une loi nous reconnaît. Ca se passe en 1890, avec la loi 89 qui nous restitue les resguardos, nous déclare «mineurs devant la loi», et nous soumet à nous «réduire à la vie civilisée». Au moins, ils sont clairs là-dessus : leur civilisation nous réduit. Même si ce qu’ils veulent dire en réalité c’est que nous allons devoir nous «blanchir». Et sur beaucoup d’aspects ils y parviennent. Le cordon ombilical commence à se rompre. C’est d’ailleurs dans ce but qu’est née la république.

Presque cent ans après la naissance de la Colombie, en plein 20ème siècle, la vie dans les resguardos est sous une domination totale. La loi les déclare terres à l’abandon, sans propriétaire, disponibles. Les propriétaires terriens y installent leurs propriétés et les dominent à leur aise. Ils font payer le fermage ou impôt sous forme de travail, nous maltraitent. Imposent le servage. Un jeune nasa qui a servi dans l’armée de Colombie revient à sa terre dans le Cauca, et comme il sait lire et s’y connaît un peu en droit, il prend connaissance de la loi 89. Il va alors de village en village, de hameau en hameau, de chicheria en chicheria(2) et parle avec les gens : «cette terre, c’est la nôtre, et on ne doit pas payer le fermage». C’est Manuel Quintín Lame.

A partir de cette lutte, la «Quintinada», et plus tard avec notre organisation indigène du Cauca, nous réussissons à récupérer les terres et à étendre les resguardos; de nouveau, dans nos territoires des hommes et des femmes libres germent dans les ventres. On en est là lorsqu’en 1991 la Colombie ouvre ses frontières. C’est lorsqu’arrive le néo-libéralisme et que se fait une nouvelle constitution politique. Là, nous aussi, on est inclus, comme peuple nasa, à l’intérieur de cet accord politique. Dix ans après, c’est évident qu’on est tombés dans le piège : maintenant, nous luttons contre le gouvernement mais nous faisons partie de l’Etat. On en oublie de récupérer des terres. A partir de ce moment, dans le monde entier, le néo-libéralisme laisse peu à peu son empreinte d’exclusion et d’extermination.

De nasas à indiens, d’indiens à esclaves, à reclus dans des resguardos, à colombiens, à mineurs devant la loi, à civilisés, à citoyens, à exploités, à exclus, à exterminés… Voilà le destin manifeste que nous octroie l’Occident.

Libération de Uma Kiwe

Un jour, nous nous décidons à reprendre la récupération des terres. A ce niveau là, on voit déjà bien en face les fruits du capitalisme : réchauffement global, extinction, faim, douleur. Juste pour vous dire, dans ce pays 0.4% des propriétaires sont maîtres de 41% de la terre ; 25 millions d’hectares sont sollicitées pour l’exploitation minière ; les glaciers ont perdu 85% de leur glace ; la forêt sèche tropicale, la forêt andine et la haute forêt andine sont en extinction. La canne à suce occupe 330 mille hectares du sol de la vallée du fleuve Cauca et consomme 25 millions de litres d’eau par seconde. Voilà pourquoi nous disons :

“Notre mère n’est pas libre pour toujours ; elle le sera lorsqu’elle deviendra de nouveau sol et foyer collectif des peuples qui prennent soin d’elle, la respectent, et vivent avec elle… Tous les peuples, nous sommes esclaves, aux côtés des animaux et des êtres de la vie, tant que nous ne parvenons pas à ce que notre mère retrouve sa liberté.”

Nous nous mettons alors à libérer la Terre Mère depuis le Nord du Cauca, en occupant la propriété La Emperatriz. Ca se passe le 2 septembre 2005.

A la première tentative, nous échouons. Onze jours après, nous signons avec l’Etat colombien un accord pour qu’ils nous cèdent cette terre, et nous apprenons alors que l’Etat signe toujours ce qu’on lui demande pour faire illusion et ensuite ne pas tenir ses engagements. On apprend pour mieux revenir à la charge. Nous apprenons par exemple que les puissants

“viennent racler le fond de la casserole. Et que ce qu’il y a dans le fond de la grande poêle n’est en rien négligeable: or, pétrole, beaucoup de minéraux, gaz, eau, oxygène, biodiversité. C’est beaucoup, mais c’est la fin. C’est tellement que ça excite leur ambition, c’est tellement que ça ferait exploser leurs comptes bancaires. Mais c’est la fin. C’est leurs comptes bancaires ou la vie. C’est satisfaire le plaisir de leur ambition ou bien la vie telle que nous la connaissons.”

Le 14 décembre 2014, avec l’expérience accumulée de cinq siècles, nous prenons le diable par la queue : nous entrons sur les terres de l’homme le plus riche de Colombie, Carlos Ardila Lülle, qui les maintient asservies par la canne pour produire des bio-carburants et du sucre. On passe à l’offensive. L’aube du 15 décembre 2015 est un tournant dans l’histoire : on passe de exploités et exclus à libératrices et libérateurs de la Terre Mère.

Maintenant nous sommes beaucoup de familles nasas à vivre sur ces 9 propriétés, et bien d’autres se préparent à nous rejoindre. Ici nous sentons pousser nos racines, et battre le cordon ombilical qui nous relie à Uma Kiwe. Nous construisons des cabanes avec cuisine, toilettes, douche, espace de réunion ; nous fauchons la canne, nous semons du maïs, des bananes plantain, du manioc, des haricots ; nous laissons pousser les plantes sauvages, nous voyons revenir les animaux des bois; nous élevons des vaches, des canards, des poules ; nous affrontons l’armée et l’ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) (300 tentatives d’expulsion depuis 2014); nous faisons face à 200 procédures judiciaires, et 16 menaces de mort de la part des groupes paramilitaires; nous pleurons, et nous gardons en mémoire neuf libérateurs de la Terre Mère assassinés depuis 2005 ; nous partageons les récoltes –lorsqu’elles ne sont pas détruites par l’Etat, au service d’Ardila Lülle qui finance les expulsions- avec les mouvements populaires des villes.

Voilà comme nous avons traversé 481 années en affrontant les empires. Cheminant à notre manière, écrivant à notre manière. Voilà comme nous faisons un nid en dehors de l’Etat, en dehors du capitalisme. Long est le chemin que nous avons parcouru en cinq siècles. Beaucoup d’écoles et beaucoup de pensées ont nourri notre histoire. Grâce à cette expérience, nous sommes certains du chemin que nous parcourons maintenant : que c’est notre propre savoir, la racine nasa, qui nous permet de continuer à traverser le Cosmos en mangeant, buvant, semant, tissant, faisant des offrandes, pêchant, dansant avec tous les êtres de la vie, au rythme du sein et du nombril de Uma Kiwe. A être nasas, simplement.

Et voilà, peuples du Mexique et du monde, gens de tous les âges et de toutes les couleurs, une brève histoire du temps, la brève histoire de notre être et de notre lutte. Quelle heure est-il ? Nous sommes à 13,800 millions d’années de la première danse. Il nous reste, selon les comptes, cinq mille millions d’années avant que s’éteigne le soleil. Peut être cent ans seulement, si le rythme de destruction du modèle de développement capitaliste continue de la sorte. Alors nous verrons si nous nous retrouverons tous, les résistances depuis Abya Yala et les gens de tous les âges et de toutes les couleurs. Allez, c’est l’heure d’un café. Allons donc à la cabane-cuisine.

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1. resguardos indígenas : statut particulier des territoires indigènes créés par la Couronne espagnole afin de regrouper la population et faire payer les impôts en tributs et en travail. Aujourd’hui, les resguardos existent toujours, et sont depuis la constitution de 1991 gérés en semi-autonomie par les communautés.

2. chichería : lieux populaires de fabrication et de consommation de la chicha, une boisson fermentée de maïs ou de canne à sucre.

liberemoslatierra@riseup.net

Imagen de portada: Abel Rodríguez, Terraza alta, 2018. Cortesía del artista y de Instituto de Visión

Fuente: https://www.revistadelauniversidad.mx/articles/c0cf24b3-43ba-45ba-859a-7517bfa82e96/sencillamente-nasas

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